SEFIN despide la Navidad con multitudinaria fiesta de Reyes

    Ministro pide no creernos el centro del universo, dejar el egoísmo y ver las necesidades de los demás

    Con una representación viva de la Epifanía o manifestación de Dios en el nacimiento de su hijo Jesús, cuando los Reyes Magos guiados por el fulgor de una estrella llegaron a Belén, para adorarle con regalos (oro, mirra e incienso), la Secretaría de Finanzas (SEFIN) clausuró la temporada navideña.

    Las fiestas navideñas, tuvieron como marco un ambiente decorado con el destello de las luces e inmerso en la alegría de compartir. El espíritu de la celebración que inició con las tradicionales Posadas, fue estimular el  amor, la unidad y el compañerismo entre los empleados y funcionarios.

    La última Posada, correspondió al Despacho Ministerial, que organizó una celebración magnífica, a la altura de las circunstancias que rodearon la llegada al Pesebre de los reyes de oriente, quienes representan a todos aquellos que sin una revelación explícita de Dios, buscan la luz, la verdad, la vida, la paz, la justicia, el amor, lo bello y el bien.

    Quizá por ello, la ocasión fue propicia para resaltar que “en esta fiesta de Reyes podemos ser nosotros los magos de hoy, que acuden al Señor para ofrecerle el oro de nuestro amor, el incienso de nuestra oración y la mirra de nuestros sufrimientos”.

    Al enunciar el significado de la fiesta, encabezada por el ministro, William Chong Wong, su asistente Alberto Dumas, refirió que “hemos recibido de Dios tantos regalos como la vida, nuestra familia, un trabajo, la salud y una patria”.

    “En la Epifanía celebramos que Jesús vino a salvar no sólo a Israel sino a todos los pueblos. Dios quiere la felicidad del mundo entero. El ama a cada uno de los seres humanos y ha venido a salvar a todos los hombres, sin importar su nacionalidad, color o su raza”.

    Correspondió a Anita, explicar el significado de los regalos que los reyes obsequiaron al Niño Dios, pues la tradición más difundida cuenta que llegaron de Oriente, guiándose por una estrella que les condujo hasta Belén.

    Allí buscaron al recién nacido y le adoraron, ofreciéndole oro (representando su naturaleza real, como presente conferido a los reyes), incienso (que representa su naturaleza divina, empleado en el culto en los altares de Dios) y mirra (un compuesto embalsamador para los muertos, representando el sufrimiento y muerte futura de Jesús).

    La oración de acción de gracias, estuvo a cargo del ministro William Chong Wong, quien aprovechó la ocasión para exhortar a los empleados, funcionarios e invitados especiales, a no creer que el mundo gira en derredor de ellos, por el contrario, les pidió despojarse de su vanidad y egoísmo y ver las necesidades de los demás.